Un perro suelto en la once

image
Chandler, nuestro Golden Rolo

Domingo de elecciones en Colombia, nosotros, aunque venezolanos, muy pendientes de lo que estaba pasando. Podemos decir que tenemos mucha experiencia en este tema, más de la que quisiéramos, por el carnaval de elecciones que en los últimos años hemos tenido en Venezuela. Pero no quiero hablar de política, de elecciones o de Venezuela, quiero hablar de la gente de Bogotá.
Caminábamos por la siempre congestionada carrera once, de regreso de un desayuno tardío en una arepera venezolana, como inicio de la celebración del cumpleaños de mi esposa. Los cinco, Ana Elisa y Diego (mis hijos), Angélica (mi esposa), Chandler (nuestro Golden Retriever rolo de 10 meses) y yo, veníamos disfrutando del placer de caminar por la calle con tranquilidad y sin apuros, en el aire acondicionado natural de la ciudad.
Estando a no más de cinco cuadras de llegar a casa, el perro, fastidiado de su collar y su correa, dio un tirón que me tomó desprevenido y me hizo perder el agarre de la correa. Cachorro al fin, salió disparado por el andén en dirección al resto de la familia. Se imaginó que estaba jugando al gato y al ratón (o al perro y el pendejo del dueño)… El primer intento de mi hijo de atraparlo fue infructuoso, Chandler empezó a correr en zigzag como un desaforado, cual futbolista celebrando el gol de la victoria. “A que no me atrapan”, estoy seguro que estaba pensando.
Mi primera reacción fue ver la temible once, dónde vienen los carros y a qué velocidad, las motos, los taxis… Inconscientemente e irresponsablemente, me tocó meterme en la mitad de la calle, en el ojo del huracán, para tratar de agarrarlo y a la vez haciendo toda la gesticulación que mis brazos me permitían para que los conductores (regularmente agresivos en esta ciudad) pararan su marcha y no aplastarán a nuestro perro. Chandler no bajaba su excitación ni su velocidad. Diego, también en la mitad de la calle, estuvo a punto de agarrarlo por los pelitos de la cola, pero una vez más tuvo la fuerza y la astucia de zafarse dejando las rodillas de Diego ensangrentadas al caer al pavimento.
“Aquí fue que se murió Chandler” pensé cuando salió embalado para el otro lado de la once, sin esperar por el semáforo verde ni voltear para los lados. En ese momento, lo único que oía era el lamento de mi hija que, paralizada en el andén, ya lloraba por la inminente pérdida de su querida mascota. La vista enfocada en el perro y en los carros para evitar que el atropellado fuera yo, sin embargo, también empecé a ver gente, mucha gente, espontáneos que se unieron al rescate, peatones que se lanzaron a la calle, ciclistas que tiraron al suelo sus posesiones y se incorporaron a la persecución. Los conductores totalmente frenados (¡Increíble hasta los taxis!), la once estaba totalmente paralizada ante la arriesgada travesura de nuestro perro que milagrosamente seguía ileso de sus correrías por la complicada calle.
Ya del otro lado de la calle y Chandler sobre el andén nuevamente, recuerdo haber visto a un señor que con un freesbee trataba de llamar su atención, otro le hablaba con firmeza cual encantador de perros, yo le ofrecía un mini snack canino que me quedaba en el bolsillo… El no cedía… Apareció una mujer embarazada que paseaba su perro, el perro fue lo único que lo detuvo, perfecta carnada, se dirigió a él para socializar y ella finalmente logró retomar la correa que yo había soltado unos segundos antes (que parecieron como 10 minutos) y le entregó a Chandler a mi esposa que también lo perseguía en el backstage, Angélica lo abrazó con una llave de taekwondo asegurando que no se volviera a soltar.
Sin aliento tras la persecución a los 2.600 metros de Bogotá, agradecimos a la barrigona. Cuando empecé a buscar a la gente que se había unido al rescate ya todos habían seguido su camino, a pie, en carro o en bicicleta… Nosotros, aunque queríamos como matarlo, felices con nuestro perro y reconfortados por la reacción de todos los amigos anónimos que nos ayudaron y nos demostraron que en una ciudad a veces tan complicada como Bogotá, hay espacio para la solidaridad y el apoyo, mostrando su mejor lado humano y también el perruno.

10 comentarios en “Un perro suelto en la once

  1. Me encanto el relato!! (No lo que pasó con Chandler). También somos venezolanos y con un Golden de 4 meses y es increíble el cariño que le demuestra la gente en la calle; desconocidos se paran solo para saludar a mi Lucy. Creo que utilizaré una correa de las que se enganchan a la cintura cuando la saque!

    Me gusta

  2. Se lo que se siente , a mi me paso , con Pancho mi golden , pero siempre o a veces aparece un ángel o muchos que nos dan una mano , recomiendo buscar un entrenador .
    Me encanto saber que esta bien y que resultó un bello relato (muy bien escrito)

    Me gusta

  3. Woaww!! Mi mente viajó al momento que vivieron todos, creo que son muchas emociones juntas! Bravo por todos los usuarios de la 11 ese día que fueron solidarios y detuvieron su ritmo por unos minutos para que Chandler pudiera salvar su peludo pellejo!
    Por otro lado, me encantó el relato… Éxitos, un gran abrazo. Los extraño un montón!

    Me gusta

  4. Woaww me trasladé al momento!! Cuantas emociones juntas!
    Qué bueno que todos los usuarios de la 11 de ese día fueron solidarios y se detuvieron por unos minutos de su frenética marcha y se unieron para que Chandler pudiera salvar su peludo pellejo!
    Por otro lado, me gustó mucho la forma de narrar la historia 😊
    Un abrazo grande!

    Me gusta

  5. Mi querido sobrino tuve la suerte de tener las 2 versiones: el relato oral cuando me «rescataste» del aeropuerto El Dorado y luego cuando me lo enviaste. Me gustó en las dos ocasiones y como tambien he estado incursionando en la escritura con Milagros Socorro, y como pides feedback, yo, en tu lugar, lo haría menos lineal por ej. Comenzar por el desenlace? Hablar en 1ra persona como el perro?….no sé. Qué te parece. Hay una recomendación que me quedo grabada: sin conflicto no hay historia…besos y sigue dándole!

    Le gusta a 1 persona

  6. Que momento tan difícil!!!
    Me alegra que existan personas que ayuden a los otros, y personas que puedan contarlo y agradecer.
    Troco mucho éxito en tu blog!!!

    Me gusta

Deja un comentario