Los Reyes de la Palapa

Palapa reservada Tuvimos la fortuna de recibir el nuevo año en la paradisíaca isla de Aruba.

Playa, arena y sol para el disfrute de todos… Sol, mucho sol que hace que uno de los recursos más deseados y buscados en toda la costa y en todos los hoteles sea la famosa Palapa. La palabra Palapa no existe en el Diccionario de la Real Academia Española, quizás por ello es que también le digan choza, bohío, chabola, cabaña, en fin, en este caso, cuando me refiero a Palapa, hablo de una casita rústica en la playa con un techo que ofrece sombra y marca un poco la propiedad del terreno temporal entre los distintos grupos de vacacionistas.

Como todo recurso escaso, créanme que en Aruba para fin de año la demanda excede enormemente a la oferta, la Palapa se ha convertido en un gran negocio, en un símbolo de poder para quienes controlan su distribución y asignación, en motivo de angustia para quienes no tienen una asegurada. La Palapa en un elemento clave para disfrutar de las vacaciones, porque quien quiere ir a la playa quiere broncearse, tomar un poco de sol, pero no a freírse con sus rayos. Así que de vez en cuando uno va intercalando períodos de sol y sudor con el alivio que la sombra de la Palapa provee.

En este mundo de sol, sombra y palapas aparece un cartel que organiza el negocio. No es el Gerente del Hotel, ni mucho menos el dueño, son los “Acomodadores”, “Pool Boys” o “Beach Boys” quienes concentran, cual sex symbol, la atención de los turistas que desesperadamente intentan conseguir la dicha de tener una Palapa asignada. Estas personas que están ubicadas en una Palapota llena de toallas secas y mojadas y con un mapa de la playa y de las Palapas, tienen en sus manos el control de la diversión de cientos de turistas, ellos son los Reyes de la Palapa.

Los beneficios de ser uno de los Reyes de la Palapa no incluyen principalmente plata, por lo menos no en el hotel en que nos quedamos, es más un tema de ego, de sentirse importante, de tener en sus manos a unos ricachones que pagaron unos cuantos miles de dólares por el hospedaje (pero “Palapa not included”), de oírlos mil veces durante el día preguntar si les quedaba una aunque fuera pegada del baño. Repletos de autoestima se saben imprescindibles, prefiriendo no tomar el billete de 20 que muchos les ofrecen como solución fácil, pues mucho más importante es su reputación como estricto Palapero (perdón por esa a la Real Academia).

Nosotros tuvimos la suerte en los primeros días de estar con un amigo que era “Platinum”. Nunca mejor aprovechado el lograr esa categoría en una cadena de hoteles por andar viajando de trabajo todo el resto del año. Pues nuestro amigo Platinum (no mencionó su nombre para protegerlo de las represalias de los Reyes de la Palapa) logra la asignación de la #75 por toda su estadía. Nosotros, dos familias más, nos las arreglamos para que todos cupiéramos en la Palapa Platinum. ¡Qué maravilla!

Pero todo lo bueno dura poco, nuestro amigo se fue demasiado pronto y nosotros nos quedamos con la incertidumbre de la Palapa.  El día antes de que se fuera, me fui a hablar con los Palaperos, les busque conversación, saque mi cara más simpática y divertida, les expliqué que mi amigo era Platinum, me preguntaron, ¿y usted qué es?, pues…pues… el amigo del Platinum. De algo sirvió pues uno de los jefes demostrando su inmensa benevolencia nos asignó la 75 por un día más, aunque nuestro amigo se hubiera ido.

A partir de este momento empezamos a entender  la influencia y el poder que los Reyes de la Palapa tienen, los dueños de la playa. Todas las tardes había que hacer una fila para intentar lograr una Palapa para el día siguiente. Las asignaban a partir de las 4pm, la angustia lleva a los turistas (que estaban buscando liberarse del stress) a iniciar la cola a eso de las 2:30pm. La fila es un desfile de creatividad, abuso y aburrimiento. Gente leyendo su libro, jugando freesbee desde la fila, gente que pretende poner un par de cholas para guardar el puesto, gente que puso su cartera de playa Louis Vuitton para guardar el puesto, gente que lograba que sus acompañantes le trajeran una cervecita o hasta almuerzo, en fin, toda una subcultura playera…

Siendo justos, a las cuatro en punto, dando otra muestra de su magnanimidad, los Reyes de la Palapa iniciaban el proceso y en menos de 10 minutos ya tenían asignados todos los refugios del día siguiente. Nosotros, los turistas, con la satisfacción y el regocijo único de tener un número en la mano, salíamos del proceso con una sonrisa en la cara, olvidando las penurias de la cola y el tiempo perdido, corriendo hacia la familia para informar de nuestro éxito luego de tanto sacrificio, siendo recibidos como héroes.

Creyéndonos de que de verdad le habíamos ganado una al cartel, sin darnos cuenta de que en menos de 24 horas nos esperaba otra vez la fila para rendir pleitesía a los Reyes de la Palapa.

Aclaratoria Final: A pesar de todo este cuento, vuelvo a Aruba en lo que pueda, eso sí, con mi amigo Platinum y su Palapa…

5 comentarios en “Los Reyes de la Palapa

  1. Jorge!!!! Me encanta el término «palapa» y Aruba!!!!
    No voy hace muuuuucho tiempo y antes no existían estos personajes. Qué lástima pero hasta allá hay que hacer colas y «jalarles» Igual Aruba es deliciosa.
    Muy entretenido tu escrito!!

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  2. Uno piensa que la anarquía sólo existe en nuestro país pero ya veo que no. Mientras el ser humano sienta que tenga el poder sobre algo se aprovechará de ello y no necesariamente es venezolano jejeje. Gracias por compartir tus experiencias.

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  3. Cuando leí el relato no pude evitar que mi mente se trasladara a una cola venezolana (que en nuestros días se hace por cualquier cosa)
    No sé si es que me tranquiliza un poco el saber que no somos los únicos o si me hace sentir descorazonada por saber que alguien siempre tiene el poder sobre cosas tan pequeñas pero que al final pueden cambiar la historia de un lindo día de playa… Un abrazo. Espero el próximo! 😉

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