¡¡Yo no le tengo miedo a los aviones!!

Camino con cara de sobrado por el aeropuerto, mi equipaje de mano (carry on) con ruedas de 360° y mi boarding pass digital en el iPhone me identifican como un viajero práctico y frecuente. Listo a tomar otro avión ya no sé para dónde, mi trabajo ha hecho que esto sea a veces como ir a la oficina cualquier lunes o martes.yo-no-le-tengo-miedo

Están llamando a abordar, me muevo rápido para esquivar en lo posible a todos los inexpertos que van en el mismo vuelo, con dos maletas y tres bolsas con souvenirs en la mano. La experiencia en algo nos puede poner a veces soberbios e intolerantes, lo reconozco.

Doy el primer paso dentro del avión y mi mirada instintivamente se va a la izquierda, hacia la plaquita al lado de la bisagra que dice cuando se construyó el avión, leo 1968 – coño, está vaina es de mi edad – pero no pasa nada, yo no le tengo miedo a los aviones. Recompongo mi cara y saludo confiado a la aeromoza que luce incómoda y apretada en su uniforme y me da la bienvenida.

Eficientemente meto el carry on en su puesto, mientras en el mismo movimiento pero con la otra mano dejó el iPad y los audífonos con tecnología noise-cancelling (o sea que tapan el ruido) sobre el asiento 7C. Me volteo y ayudo a la señora que me ha pegado tres veces con el ángulo de su maleta en las costillas, acabando mi sufrimiento al subirla en el portaequipajes.

Ya sentado en mi silla el avión empieza a moverse en el suelo, halado por una especie de tractor. Al rato el piloto anuncia con voz de locutor de radio:

 – La aeronave no quiere prender, vamos a tener que devolvernos a la posición inicial, ocasionando un retraso  por el momento desconocido.

Muchos pasajeros voltean a ver que dicen las caras de los demás, otros miramos nuestros relojes pensando en las consecuencias para nuestros planes. Sin habernos movido, el piloto vuelve a hablar casi al mismo instante en que las turbinas empiezan a girar

– Buenas noticias, al tercer intento, el personal de tierra realizó una última maniobra y el avión prendió, así que prepárense para el vuelo.

¡Qué maravilla! – pienso – aún puedo llegar a tiempo. Luego reflexiono, ¿oíste lo que dijo el piloto?… ¡¡¡coño para qué explica esa vaina!!!…¿y si este bicho se apaga volando?, cómo es eso de una última maniobra, ¿será que este aparato está bien mantenido? La verdad es que no importa porque yo no le tengo miedo a los aviones.

Las aeromozas dan toda su charla de seguridad que yo ignoro con arrogancia sumergido en mi iPad.

Despega el avión y va brincando en su ascenso como si estuviera en la calle 94A de Bogotá. Yo tengo mis audífonos puestos oyendo a Ed Sheeran, tratando de obviar que la bendita turbina se cuela por la tecnología de mis Bose. Me persigno, por si acaso, y, no es que esté nervioso, cierro los ojos y cuento cinco veces hasta 237, ritual que hago desde que me acuerdo, sabiendo que a la quinta contada ya el avión, por lo general, está nivelado en el cielo.

Aparece Mr. Capitán otra vez:

– Les damos la bienvenida al vuelo, bla bla bla bla, podemos encontrar inesperada turbulencia que, aunque incómoda, no afecta la seguridad del vuelo.

Observo cielo azul y despejado por la ventanilla que me hace suponer un vuelo tranquilo. No había terminado de pensarlo y empezó el aparato a menearse como la más famosa montaña rusa de Orlando. Algunos vecinos no pueden contener un gritico de susto, otros hablan cómo si nada, la señora de al lado me clava las uñas en el antebrazo, el pana de más adelante está roncando arrullado con el sonido de las alas a punto de partirse, un niño realmente fuera de si le pregunta a su madre – ¿nos vamos a morir? Yo, sereno, agarrando los apoya brazos de la silla como si eso me pudiera salvar, mezcla de claustrofobia con indefensión.

El vuelo se estabiliza un poco, el cabezón del piloto ahora no dice nada, calla como haciéndonos entender que debemos sacar nuestras propias conclusiones. Atrás de mí va un pendejo “tranquilizando” a la mujer con un resumen de lo que vio en Catástrofes Aéreas en NatGeo.

Las aeromozas se acercan con el carrito, yo decido proceder con el plan B para este tipo de vuelos… – Nada de comida, Absolut por favor. Porque la comida del avión puede ser mala para el estómago y el gusto, pero el alcohol es bueno para todos los sentidos.

Justo cuando voy a pedir el tercer trago a nuestro súper piloto se le ocurre decir que ahora sí viene turbulencia, que se siente todo el mundo, que no hay servicio a bordo y que los baños están clausurados. Ahora como que la vaina es en serio, hasta las aeromozas tienen cara de susto. Me ajusto el cinturón asegurando que deje algo de espacio para respirar.

Pues… el avión ni se movió. ¿Será que al piloto consiguió su licencia en una caja de Corn Flakes?

Por fin nos aproximamos al aeropuerto, el vuelo fue tranquilo después de todo. No falta el apurado que empieza a prender el celular cuando faltan como 500 metros -¡coño! – le grito mentalmente – ¿qué parte de mantener el celular apagado no entendiste? Si el piloto aterriza en la autopista va a ser culpa de este guevón.

Aterrizamos. Le doy como 237 gracias a Dios por estar en tierra, recojo mi arsenal tecnológico y me paro circunspecto seguro de que nadie puede siquiera sospechar que yo le tenga miedo a los aviones, que va, ni un poquito… Lo que me da miedo es que se caigan.

 

13 comentarios en “¡¡Yo no le tengo miedo a los aviones!!

  1. Troco, me hiciste reír… yo también no le tengo miedo a los aviones, pero cuando comienza a moverse tan fuerte, también me vienen un montón de pensamientos, trató de relajarme, pero de repente comienzo a pensar… que pasaría si se cae?. Un abrazo.

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  2. Muy buen relato… Seguro que la mayoría se siente identificado con todo lo que cuentas. Muchas gracias por compartirlo. Besos

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  3. A mí me hiciste recordar a alguien que decía que era agnóstico, pero solo en tierra, en el aire le rezaba a todo el que se le cruzara por la mente! También de un viaje de trabajo a Cumaná donde los pilotos, que tenían como 22 años hablaban en el autobusito entre el terminal y el avión de la rumba que se habían metido anoche….Yo tampoco le tengo miedo a los aviones, pero coincido contigo en el «sustico» de la turbulencia y el piloto inseguro… un abrazo!

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  4. A mí me causa mucha gracia cómo opera esta cofradía de los viajeros de negocio, cada quién lleva sus insignias y distintivos, y uno aprende a distinguir el nivel de skill por el equipamiento y los movimientos económicos y practicados cientos de veces. Yo hasta casi q les doy puntuación – (vaya este se merece un 9.7 fíjate que anda con el carry on compacto y el tag de 2 millones … pffff este otro ni a 6 llega). Y al final el ganador invariablemente es quien menos vainas tiene que acomodar y quien nunca pierde el cool de su superlativo estado Zen. Tiene toda una técnica y un montón de estilo como los gimnastas.

    Los que pertenecemos a la cofradía sabemos quiénes somos, no nos hace falta ni credencial ni acreditación. Los identificamos desde la aproximación al chequeo de seguridad: Preparación ? Check, Velocidad ? Check, Sincronización ? Check. Nos volvemos a taggear en la fila de abordaje: Grupo 1, pasaporte en mano, boardingpass electrónico directo al scanner, 8 km/h por el puente del avión sin que se sientan las ruedas del carry-on. Sonrisa y saludo ejecutivo al crew. Nos damos el espacio para apreciar la técnica de los colegas. Le ofrecemos ayuda a la señora que no alcanza a subir el carry-on. Le volteamos los ojos al joven que se queda en el pasillo y no sabe dónde está su asiento. Nos congregamos de la fila 7 a la 10, pero en los vuelos largos nos consiguen también de la 14/15 o 21/22 según el avión. Desde luego los más prevenidos en los C y D o J y K.

    A mí me entretiene mucho estudiar las costumbres y tradiciones de este grupo, pero siempre termino aterrizando en el mismo punto. No me deja de ser un poquito triste q hayamos llegado a tal nivel de skill por estar todos fuera de casa.

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  5. Jejeje, claro, el avion no es peligroso, sino el suelo. Identificado, llevo carry on, migracion automatica, no compro nada y como en el hotel. Los mesoneros ya saben que no como piña ni azucar. El wifi ya grabado se conecta automaticamente. De ida el short abajo para la playa, me quito el mono en el avion, de regreso la chaqueta en el morral. Siempre duermo siesta. El Uber lo cuadro desde el avion al aterrizar. Al llegar a casa guardar el kit para la proxima.

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  6. Jajajaja , pues yo, en el tiempo que dura el vuelo no me paro, no como , no escucho….. quiero que aterrice y ya , pero tampoco le tengo miedo 😉😂😂😂😂

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