Esto no es un cuento de Navidad

Érase una vez un venezolano que vivió toda su vida a no más de cuatro kilómetros de la casa de sus padres en Caracas. Un venezolano que no quería irse de su país. Un venezolano que fue atrapado por la crítica y absurda situación en la que en el país más rico de Latinoamérica se vive como si fuera el más pobre del Mundo.no-santa

Hace apenas un par de años decidió dar el salto y partir con sus dos hijos y esposa en busca de mejor vida, en busca de futuro, en busca de algo de normalidad.

Ahora es un inmigrante que vive aquí, pero que muchas veces está allá, en sus pensamientos, en sus divagaciones y en sus quereres.

Salir de un país tan complicado trae casi instantáneamente una mejora tangible en la calidad de vida. El cambio es tan radical que la sensación de bienestar no tarda mucho en llegar y el inmigrante la comienza a disfrutar con un poco de remordimiento, mucha culpabilidad por “estar bien”, pensando en los que se quedaron allá. Y aunque se muere de ganas por agarrar el whatsapp para contar a todos lo que está viviendo, decide tratar de ser discreto y comedido comunicando sus éxitos.

Del otro lado la situación contrasta, pero a la vez tiene mucho parecido con la de él. Su gente en Venezuela hace todo el esfuerzo por adornar la situación, por no pintarla tan fea, esconden sus penurias y angustias, aunque sus caras los delaten, para evitar abrir más ese hueco que él tiene en el corazón.

Pero es que no hay manera de que no se ahueque y resquebraje, es como si lo estuvieran estrujando y estirando al mismo tiempo, todo el tiempo. Un corazón feliz porque ve progresar a sus más cercanos amores, un corazón arrugado y triste porque está incompleto todos los días. El hueco de Caracas, el hueco de Madrid, el hueco de la Florida…

¡Llegó la Navidad con su alegría! Dicen muchos por ahí. Y la verdad es así. Muchos son los sentimientos que se alborotan en esta época. Las ganas de estar con la gente que uno más quiere aumentan exponencialmente. Para los que están fuera de su país, ya el tema no es, “pasamos el 24 con la familia del esposo y el 31 con la de la esposa”, el tema es, cómo me tele transporto a tantos sitios donde quisiera estar y por distintas razones no puedo.

Y esto no es un cuento de Navidad, es una realidad que feliz o triste, agridulce en algunos casos, nos toca vivir y en lo posible disfrutar. Cuando se está lejos, se entiende a la fuerza y obligado que no hay recurso más valioso e importante en esta vida que el tiempo, el tiempo que podemos compartir con la familia y con los amigos, el tiempo para ver a mis sobrinos crecer, el tiempo para ver a mi abuela envejecer, el tiempo para oírle las preocupaciones a mi papá, el tiempo para conversar y dejarme consentir por mi mamá, el tiempo para insultar cara a cara a mis hermanos, no hay tiempo y no es cuento, antes era más fácil, era como automático, ahora es, por decir lo menos, complicado.

Entonces, mi carta a Santa  lo que pide es tiempo, tiempo y creatividad para lejos o cerca estar más cerca. Whatsapp, FaceTime, HouseParty, Facebook, la tecnología es un regalo que Dios nos ha venido entregando en o fuera de la temporada navideña y pretendo aprovecharlo al máximo. No tengo excusa para no conversar con mi tía querida con frecuencia, si ahora con sólo tener WiFi le puedo ver las canas en high definition en la pantalla de mi iPhone mientras editamos en realtime mis escritos. No tengo excusa si soy esclavo de esa misma pantalla cuando estoy con los míos en Bogotá. Qué fácil sería programar una conversa al mes sin sustancia alguna (para hablar pendejadas) con mi primo al otro lado del océano. Qué sabroso recibir una llamada de cumpleaños por Whatsapp (un texto no…please) de aquellos que siempre me daban un abrazo. Sería mucho más fácil el compartir lo bueno y lo malo sin filtros si nos diéramos el tiempo, entendiendo que lo bueno es mejor y lo malo es más soportable cuando se comparte con quien uno quiere y quien lo quiere a uno.

Esta realidad sigue adelante y seguiremos regados por el mundo según el viento sople y los gobernantes idiotas lo sigan estimulando.

Con la excusa de que estamos en Navidad y de que viene el nuevo año, qué mejor propósito que regalarte y regalar tiempo a los demás, tiempo de calidad, en persona o virtual. Tiempo que a veces estando juntos nos damos y que con la distancia pretendemos justificar el que no sea suficiente. Sí lo tenemos y allí está, es decisión de cada uno, es un tema solo de voluntad y tiempo, tiempo con voluntad ¡Qué buen auto regalo!

Deja un comentario