Confesiones de un Buzo de Tierra Firme

Sí, soy un Buzo de Tierra Firme. Un buzo urbano, un buzo sin tanque ni snorkel, cómo les explico. Comienzo confesándome orgulloso de ser un buzo de alto nivel, son muchos años de entrenamiento y aprendizaje, ufffff, creo que arranque en la adolescencia, cuando las hormonas comenzaron a obligar a mi cuello a voltear cada vez que me pasaba por al lado una persona del sexo femenino apenas sospechosa de estar buena.

Creo que es en Venezuela que resumimos esta sublime afición, este deporte extremo a sólo cuatro letras: BUZO. Trato igual de ilustrarlo a continuación.

Tal como dice en el diccionario, cualquiera piensa que esa palabra identifica a «una persona que tiene por oficio u afición sumergirse en el agua para realizar actividades deportivas, militares, científicas, de rescate, pesca, generalmente equipada con un traje especial y tubos de oxígeno para respirar».

En mi caso y en el del 98% de mis congéneres (disculpen mis panas y parceros por dejarlos al descubierto) está definición es parcialmente inexacta.

Primero, los buzos urbanos no nos sumergimos bajo el agua, habitamos las calles, centros comerciales, restaurantes, rumbeaderos, universidades, en fin, una lista interminable de sitios, que solo deben cumplir con la condición de permitir el tránsito de gente del sexo femenino. En segundo lugar no se requiere traje especial, ¡hasta en pijama se puede bucear! Por último, definitivamente no es un oficio, pues es absolutamente voluntario y no tiene paga alguna en moneda, indemnización o prestaciones.

Coincidencias también están presents en la definición. El buceo de tierra firme puede ser una actividad deportiva como cuando por ejemplo te pasa por al lado una Maria Sharapova en su faldita de tenis. Puede ser militar si te tropiezas con un desfile de oficiales femeninas fit y en uniforme. Es una actividad claramente científica pues considera como fin último el análisis y entendimiento de la morfología femenina humana, con énfasis en sus curvas. También puedo asegurar que aunque no utilicemos tubos de oxígeno en algunas oportunidades el ahogo producido por esta afición es tal que estos podrían constituir un equipamiento deseable.

El problema de este buceo es que es una labor no muy aceptada por el sexo femenino (aunque ellas también lo practiquen, pero con sus propias técnicas y estilo), especialmente cuando ejercen como novias, concubinas o cónyuges del buzo en cuestión. Cuando son el objeto del buceo puede que se sientan desde halagadas hasta ofendidas dependiendo de la situación,  del nivel de descaro y hasta de la cultura del país en que te encuentres.

Esta situación lo hace más interesante y riesgoso, es lo que lo convierte en un deporte extremo y ha estimulado el desarrollo de técnicas novedosas que permitan su práctica de manera encubierta, secreta y confidencial (aunque no pocas veces seas descubierto y quedes atrapado in fraganti). Cuando estás solo puedes voltear libremente y sin tapujos, pero cuando no lo estás te toca aplicar la técnica de la mirada perdida, la del retrovisor, la de quedarse un poquito atrás, la de compartir con tu pareja una crítica como «viste cómo le quedan de apretados esos jeans a esa tipa, qué riñones…» y así terminan los dos buceando juntos, la del dolor de cuello, la de las gafas de sol…en fin… hay que innovar para competir.

Por eso el éxito de Baywatch, quién no recuerda los segundos iniciales de cada capítulo a Pamela y compañía corriendo en cámara lenta por la buzoplaya mientras sus mejores atributos rebotaban acompasadamente. Por algo los niveles de rating, permitía el buceo sin restricciones. Pregúntenle a Chandler y Joey.

 

No es que quiera justificarme, pero esto viene de fábrica, no lo puedo evitar y creo que debe ser visto más bien como un acto de nobleza y cultura, saber admirar la belleza de la naturaleza en todas sus expresiones está cercano a lo sublime y lo celestial. Hasta hereditario es, mi abuelo fue famoso por pasarse horas en la puerta de su Galería de Arte en Chacaito no sólo observando con atención a las transeúntes sino además piropeándolas -«adiós buenamoza»-… un maestro.

Los datos estadísticos confirman además la interesante Ley de la Proporcionalidad del Buceo que tienen las mujeres instalada en un chip cerebral que no se borra nunca. Básicamente la ley explica que la gravedad del buceo es directamente proporcional a lo buena que esté la mujer objeto del mismo. En dos platos, si te atrapan viendo a Jennifer Aniston el embrollo en que te metes es grande, pero si te ven volteando a ver a una gorda, mal vestida y con bigote incipiente pues no pasa nada.

Así que, mi estimado amigo, cuando vaya caminando con su pareja y viene de frente una bomba sexy (que obviamente su mujer también detectó), no se ponga bizco, no intente mirar con el rabo del ojo, siga derechito su camino y preferiblemente voltee como un pendejo para el otro lado. El más mínimo titubeo y usted estará sentenciado y sin derecho a abogado.

La primera vez que vi a mi esposa, la mujer que más he buceado y con más gusto y ganas en esta vida (no lo digo para salvarme de lo dicho en esta confesión, ella puede corroborar el acoso visual y de otras índoles que ha sufrido todos estos años), por mucho que lo intenté, mientras le daba formalmente la mano, mis ojos se movieron para donde no era, quizás la inexperiencia, en ese momento tenía pocos años en estas lides. Un tiempo después con un poco más de confianza, me dijo que cuando la conocí no hacía más que bajar la mirada a aquel botón de su blusa blanca.

Y yo creyendo que sabía bucear.

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