Estos Chamos sí que son bien arrechos, carajo…

Echarse un país a los hombros en una edad en la que uno normalmente no puede hacerse responsable de si mismo deja muy claro la tenacidad, la desesperanza y el absoluto rechazo a un futuro fuera de su control que embarga a la juventud venezolana. Estos chamos que sólo han vivido en el horror de una revolución fracasada, que lo que ha hecho es destruir en pedacitos a Venezuela, han tomado para si lo que los mayores no hemos podido, no nos hemos atrevido o no hemos sabido cómo resolver.

Quizá esas hormonas alborotadas de la adolescencia que los hacen sentir inmortales súper héroes, mezcladas con la adrenalina de la lucha y la indescriptible rabia e indignación de tener que ver al gordo idiota bailando sobre la sangre de los caídos, es lo que lleva a estos muchachos a ponerse al frente de la batalla urbana sólo protegidos con un escudo de latón improvisado, un peto de cartón y un par de piedras en las manos. Mientras tanto, del otro lado, la Guardia y la Policía armados como si se estuvieran defendiendo de Al Qaeda en esteroides, hombres y mujeres que al seguir órdenes ciega y mudamente, parecen carentes de emociones humanas, se convierten en los peores criminales dispuestos a acabar con vidas, jóvenes o no, atravesándose no entre los chamos y Miraflores, sino entre ellos y el futuro digno que merecen.

Son tan irracionales en su juventud que el cóctel neuroquímico en desarrollos y las ganas de cambiar lo que, a todas luces, está mal les hace olvidar que un mal día se pueden morir, olvidar que el enemigo no tiene piedras sino tanquetas con las que no le importa atropellarles, olvidar que los quienes los enfrentan perdieron toda noción de justicia y son capaces de barbaridades y violencia execradas por el mundo hace cientos de años sin el menor gesto de remordimiento.

Ellos son la más clara definición de “héroes”, dispuestos, conscientemente o no, a dar la vida por lo que es justo. Valientes, incansables, locos, locos de una locura que se exalta, que se eleva y se hace sublime al defender los grandes ideales de la libertad, la justicia y el respeto por la vida. A costa de lo que sea… Chamos de Venezuela

En paralelo, a casi quince mil kilómetros de Caracas, otro grupo de chamos vestidos con los colores de Venezuela, también logran llamar la atención del mundo llegando a la final de la Copa Mundial Sub-20 de fútbol, dando una gran alegría a los venezolanos ante tanto desasosiego. Estos chamos también representan y gritan que allí está la Venezuela posible, la que se destaca, la que persevera, la que canta el himno desafinando, pero con las estrellas vibrándole en la garganta y en el corazón, la que cree en un país mejor para todos. Estas coincidencias no creo que sean casualidad, todo tiene una razón, la juventud venezolana tomó el control en Corea y en Barquisimeto y aunque encuentre todos los obstáculos más increíbles en su camino, el grito de Libertad no lo calla nadie, así como nadie pudo callar ese chute de Samuel Sosa cuando parecía que el partido y las ilusiones se apagaban.

Muchachos cuídense, son un orgullo para todos, son la muestra inequívoca de que el futuro de Venezuela es prometedor, el que todos ustedes se merecen.

Ya viene el pitazo final.

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